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OTTO GUIBOVICH: SOBRE LA COYUNTURA ACTUAL POLITICA “EL KARMA DE LA RUPTURA INSTITUCIONAL RECURRENTE”

Y finalmente se produjo la ruptura de la institucionalidad. No podemos los peruanos vivir más de 20 o 25 años de estabilidad hasta que un suceso atropelle la institucionalidad y nos suma en una nueva crisis. Según Acemoglou y Robinson en su libro “Por qué fracasan los países”, afirman que es la falta de institucionalidad la que marca una diferencia dramática entre países pequeños y sin recursos como Japón o Suiza convertidos en verdaderas potencias y otros estados con todos los atributos naturales que conviven con la pobreza y el crimen. Es popular cerrar un congreso y valga decirlo este congreso hizo todos los “méritos” con blindajes y otras perlas para ganarse el repudio de la población, pero aún así, es un poder del estado y con autonomías que deben respetarse. No son los congresos precisamente, instituciones adorables en el mundo democrático, pero los países con liderazgo sólido y comprometido con la democracia los respetan. El expresidente Belaunde decía que la ruptura del estado de derecho, nos conducía a la barbarie y él sabía mucho, cuanto decía.

Queda claro que el Congreso merece reformas como la renovación por tercios, que permita oportunamente deshacerse de quienes no dan la talla o emplean el hemiciclo como guarida de sus fechorías antes cometidas. Sin embargo esta reforma no fue planteada por el Ejecutivo ni su conspicua Comisión de Alto Nivel.

La historia peruana nos muestra periodos de reformas que permitieron cierta estabilidad en el Perú que siempre terminó rota por la falta de liderazgo político y la ausencia de una clase política capaz de guiar al país a un mejor destino.

La inestabilidad que se viene será peor y este quinquenio será recordado como él de las oportunidades perdidas, el de las guaripoleras reemplazante de las geishas de antaño, el quinquenio de los becerriles, de los blindajes express, de la ineptitud en la gestión pública, el de la incapacidad para reconstruir el norte a pesar de tener recursos económicos. En fin, el quinquenio perdido.

No pasará mucho tiempo, espero, en que los irresponsables del blindaje y los incapaces de la gestión rindan cuentas en los tribunales por la ruptura institucional. Al enfermo se le cura, no se le liquida. Romper el estado de derecho empujado por la extrema izquierda y la otra, no es un juego. Con el Perú no se juega. Empezaremos una nueva etapa democrática en los próximos años, y este periodo debe ser de profundas transformaciones para fortalecer la institucionalidad, pilar fundamental para poder ir al desarrollo y hacer crecer a una población con quien también persisten deudas centenarias.

No hay golpe de estado bueno. Muy lamentable lo que tiene que vivir el Perú por la incapacidad política, la misma que llevo a Bolognesi a la muerte en Arica y sigue nuestra clase política incapaz de señalar un rumbo claro para los peruanos. Hay el deber de cambiar la política y eso empieza por no temerle a la política ni a los viejos políticos. Jóvenes a la obra.

Prensa: Perumagazin.com

 

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