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LLEGO LA HORA DE ELEGIR UN BANDO

Es innegable la gravedad y el padecimiento del pueblo venezolano por la violación sistemática de los derechos humanos, que menoscaba de forma orgánica la vida de miles de hombres y mujeres; y que ejerce acción tanto dentro de su circunscripción, como fuera de ella. Bajo esa premisa y ante la tensión engendrada por la reciente autoproclamación del presidente de la Asamblea Nacional y líder opositor Juan Guaidó, es que se efectuó el llamamiento del secretario de Estado de Estados Unidos Mike Pompeo y los líderes de la Unión Europea, a seleccionar un bando mundial: “O estás con las fuerzas de la libertad, o estás en alianza con Maduro y su caos". En tal panorama, los países integrantes del grupo Lima, a excepción de México, se han escorado por la transición democrática venezolana y el reconocimiento de Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela, modus operandi equivalente al de los líderes europeos de Alemania, Francia, Reino Unido y España. No obstante, a ello, el cambio paradigmático dictatorial en Venezuela es vitoreado y congratulado por países como Bolivia, Cuba, Irán y sus aliados estratégicos (Rusia, Turquía y China), toda vez que comparten la misma línea de pensamiento político en la lucha contra el “intervencionismo del imperialismo occidental”.

Ante tal acontecer y subsecuente determinación por la consecución de la “recuperación democrática”, mediante sanciones políticas y económicas drásticas, es que resultan siendo los propios venezolanos quienes reciben las secuelas inflexibles por medio del cercenamiento al mando de la fuerza militar del Estado, de la libre protesta, las violaciones al derecho a la libertad por detenciones arbitrarias, violaciones a la salud y a la propia vida.

Por tal motivo, es latoso sostener que asfixiar para obtener resultados favorables, genere resultados altamente satisfactorios, más que un contundente bloqueo al diálogo por el cambio y germen de una nube de escepticismo social; en palabras de Joseph Rafael “Que la coacción sea mínima y que haya paz internacional, situación que requiere una organización política mundial.”

Así, agenciar la paz internacional - por más enrevesado que resulte – implica afrontar los conflictos con los medios y mecanismos más idóneos, teniendo como piedra angular los derechos humanos, la dignidad humana y la ética que la refuerza; y no recurrir a la mera bifurcación mundial del contexto en dos bandos de acción.

Es intolerable que la actual situación de Venezuela se traduzca en el carecimiento de los productos básicos como la medicina y los alimentos, en el diminuto salario mínimo de 18.000 bolívares - que según Naciones Unidas equivale a tan sólo 8,64 dólares -, en las protestas de la población contra el gobierno, reprimidas con disparos y golpes, que concluyeron sólo en la última semana con 40 muertes; y que, además de todo este contexto enervante, el foco de la cámara haya finalmente trastocado la mira a un conflicto entre grandes potencias.

Todo ello ha forzado a la población venezolana a desplazarse, ocupando territorios principalmente aledaños a su nación para labrar su futuro, no obstante, diversos países no se encuentran conformes con dicho fenómeno internacional, tal y como se puede inducir del propio rechazo al Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, acordado por la ONU, por parte de Estados Unidos, Hungría, Austria, la República Checa, Polonia, Bulgaria, Australia, Eslovaquia e Israel.

Teniendo en cuenta todo ello, estamos ante un país agotado, en donde ya no es importante si se ostenta una actitud positiva o pesimista, sino la de poseer una condición de sobreviviente pese a las adversidades; pero también ante una crisis que ha arropado a todos los países restantes, quienes también sufren los rezagos de la migración.

Así, con la migración, demográficamente aumenta o disminuye la estructura por edad y sexo de la población en los principales destinos, y con ellas las tasas de natalidad y mortalidad. En el aspecto económico, en un país como Colombia, el gobierno ha tenido mayor presión por la demanda adicional de servicios básicos, e incluso la población indígena se ha visto enérgicamente afectada.

No obstante a ello, en su segundo discurso del estado de la unión, Donald Trump ha hecho referencia a la situación de Venezuela, y ha mostrado - una vez más – su incondicional apoyo al pueblo bolivariano, manifestando lo siguiente:

"Condenamos la brutalidad del régimen de Maduro, cuyas políticas socialistas han convertido a la nación más rica de Sudamérica en un Estado de pobreza extrema y desesperación".

En este punto, es importante tener quietud y solidaridad para comprender que, pase lo que pase y de la forma en la que se logre solucionar - si es que se soluciona -; el dolor de los venezolanos, será siempre la ración más trascendente para su memoria, la que deberá combinarse con una actitud reparadora, con miras a la construcción de una nueva nación; y que la convicción del triunfo de la estructura democrática de Venezuela por parte de los demás países, sea un reto del presente que nos haga un llamado a la conciencia; no para pertenecer a alguna alianza o bando, sino para reconocer si somos países posicionados detrás de la mirilla al pueblo bolivariano, o si somos actores que “llamamos” a la puerta para adentrarse al diálogo y apoyo por la lucha de los Derechos Humanos.

 

Por: Milagros Narella Ortiz Llanten

 

 

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